¿Para qué
esa sodomita constricción que llevás por voluntad?
¿Cómo vas a justificar estas piernas cerradas que llevo?
Yo hubiese querido que me desangres
con un aguijón de abeja reina
y después me momifiques con remiendos de organza.
2 de marzo de 2008
19 de febrero de 2008
LECTURA CHILENOARGENTA
Lectura Chilenoargenta
3 chilenxs poetas
3 narradoras argentinas
Jorge Polanco Salinas
Guido Arroyo Gonzalez
Elizabeth Neira
*
Valeria Tentoni
Clara Anich
Sonia Budassi
*
música a cargo de
Pandolfelli - Millán
presentador a cargo
Funes
( de yapa vamos a escucharHayseed Dixie )
*****************
miércoles 20 febrero - 21 hs
CCPachamama
Pje. Argañarás 22
e / Estado de Israel y Pringles
*****************
entrada gratis
3 chilenxs poetas
3 narradoras argentinas
Jorge Polanco Salinas
Guido Arroyo Gonzalez
Elizabeth Neira
*
Valeria Tentoni
Clara Anich
Sonia Budassi
*
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Pandolfelli - Millán
presentador a cargo
Funes
( de yapa vamos a escucharHayseed Dixie )
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miércoles 20 febrero - 21 hs
CCPachamama
Pje. Argañarás 22
e / Estado de Israel y Pringles
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11 de febrero de 2008
La perfección del desastre
Este bien podría ser el título de una gran novela
o la descripción de tu boca.
Yo, que me inquieto con tu solo pestañeo
no tolero esa comisura
que se bifurca y se cierra luego
hasta unirse en una mueca soberbia.
Yo, que tengo por venas trenzas de muérdago
y por respiración aleteos de hornero
con mi tristeza ágil
y mis brazos muertos;
Yo voy a ser la que rescate tu aliento
del resto de las podredumbres
y te cosa la boca con hilos de plata
para que ya no puedas
mentirle a ninguna otra.
Historia de un trinar
El perro se huele el trasero, el trasero se huele el perro.
El pato nada feliz, feliz nada el pato.
El pajarito canta alegremente, alegremente canta el pajarito.
El mono come su banana, come su banana el mono.
Y, en el medio de la apacibilidad del bosque, suena un trinar oscuro y horroroso: “¿Hermano, te cagaste de nuevo? Habrase visto semejante descaro”-gritó una ardilla enojada al mapache susodicho.
El pato nada feliz, feliz nada el pato.
El pajarito canta alegremente, alegremente canta el pajarito.
El mono come su banana, come su banana el mono.
Y, en el medio de la apacibilidad del bosque, suena un trinar oscuro y horroroso: “¿Hermano, te cagaste de nuevo? Habrase visto semejante descaro”-gritó una ardilla enojada al mapache susodicho.
8 de febrero de 2008
Los poderes de la Creación
los vientres contaminados de epilepsias
Botar lo inteligente de tu creación
Descubrir el flujo del Divino Retorno
Y reposar las células sobre lo grávido
Botar lo inteligente de tu creación
Descubrir el flujo del Divino Retorno
Y reposar las células sobre lo grávido
Los sentidos, petróleos
miras, pecas, roes las partículas de incienso
Oír los truenos de la hecatombe
Ser Hércules y Goliat
Y del caído hacer ostentación,
el remolino es un recuerdo fugaz
Oír los truenos de la hecatombe
Ser Hércules y Goliat
Y del caído hacer ostentación,
el remolino es un recuerdo fugaz
5 de febrero de 2008
Orgasmo y Yo (vida sexual de una monja cualquiera)
Mi primer orgasmo lo tuve con el negro Suárez en el auto de su abuelo, un Renault doce todo roto y descascarado. Yo no tenía idea de que eso era un orgasmo, el negro me lo dijo “nena, te acabas de venir” y yo lo mire sorprendida. No me había penetrado, solo un par de besos y ya había aparecido ese líquido gracioso que me recorría toda hasta manchar mi bombacha. El negro al parecer se asusto de la potencia de mi vagina porque desistió en la empresa de desvirgarme. Me dejó en la vereda, a unos pasos del palo borracho que papá había plantado. Lo mire irse, con mi vestido floreado y mis valerinas color mármol. El comienzo de mi vida sexual había sido bastante caótico, si se puede decir que ese día comenzó mi vida sexual. Nunca tuve suerte con los hombres, unos no me querían, otros no que gustaban, y otros no podían. Juan y su pene ínfimo, Lucas y su perezoso amigo y Lucho y su obsesión (pero yo no quería saber nada). “orgasmo fácil” me llamaban en el barrio, maldito negro sucio, no podía guardar el secreto. Por eso es que decidí dedicarme a la vida monacal. Las monjas no tienen que pedir disculpas por mojarse ante el roce masculino. Tienen una vida apacible y tranquila, se dedican a oler flores y rezarle al niño Jesús. Tenía veintitrés años cuando entre al convento de las carmelitas, era joven, ingenua y con orgasmos a la orden del día. y virgen, obvio. Es que todavía nadie podía/quería/se atrevía a entrarme. Por eso lo hice. Por eso y porque me canse de buscar lencería fina que no resistía el mínimo abrazo… un beso en el cine y ya la tenía toda embadurnado de ese jugo blanco. Y después mamá me retaba y pasaba toda la tarde déle que déle fregando las bombachas para que queden limpias.
Los problemas con la madre superiora comenzaron cuando mis lecturas se llenaron de las poesías místicas. Tanto Sor Juana como San Juan me extasiaban increíblemente. Sus palabras llegaban a mí y me hacían hasta berrear de placer. Yo no puedo recordar mucho esos momentos, es como si cada vez que me estuviera por venir se me borra la memoria y no sé ni quien soy. Y parece que grito, mucho. Como sea, el asunto es que las monjas creyeron que era una psicótica o (peor aun) una ninfómana. Y me obligaron a dejar de leer esas poesías. Me regalaron una tele para que coloque en mi celda, así miraba la tele y no pensaba en cosas raras. Todo iba bien hasta que el “show del chavo del ocho” entró en mi mundo. Lo recuerdo como su hubiera sido ayer, después de tomar el te con las hermanas, me dirigí a mi celda alegando dolor estomacal fuerte y lo vi: un muchacho joven y esbelto, que gritaba cuando su amigo lo cargaba llamándolo “cachetes de marrana flaca”. Él y sus cachetes coparon mis tardes silenciosas. Sus exclamaciones me enloquecían, me restregaba contra la cama y, de nuevo, me venía. A la semana de ser la estrella porno del convento, comprendí que su voz chillona me llamaba, era como un aviso divino que San Antonio me dictaba: debía conocerlo. Así fue como tomé el avión hasta la ciudad de Guadalajara para buscarlo. Aunque trate y trate fue imposible, Quico no era su verdadero nombre y tampoco sus gritos (me entere que era ayudado por extras). Así que volví toda sola y triste al convento. Ahora estoy vieja y no controlo mis fluidos. Me sigo viniendo a rolete, ante cualquier boludez, pero uso pañal.
Los problemas con la madre superiora comenzaron cuando mis lecturas se llenaron de las poesías místicas. Tanto Sor Juana como San Juan me extasiaban increíblemente. Sus palabras llegaban a mí y me hacían hasta berrear de placer. Yo no puedo recordar mucho esos momentos, es como si cada vez que me estuviera por venir se me borra la memoria y no sé ni quien soy. Y parece que grito, mucho. Como sea, el asunto es que las monjas creyeron que era una psicótica o (peor aun) una ninfómana. Y me obligaron a dejar de leer esas poesías. Me regalaron una tele para que coloque en mi celda, así miraba la tele y no pensaba en cosas raras. Todo iba bien hasta que el “show del chavo del ocho” entró en mi mundo. Lo recuerdo como su hubiera sido ayer, después de tomar el te con las hermanas, me dirigí a mi celda alegando dolor estomacal fuerte y lo vi: un muchacho joven y esbelto, que gritaba cuando su amigo lo cargaba llamándolo “cachetes de marrana flaca”. Él y sus cachetes coparon mis tardes silenciosas. Sus exclamaciones me enloquecían, me restregaba contra la cama y, de nuevo, me venía. A la semana de ser la estrella porno del convento, comprendí que su voz chillona me llamaba, era como un aviso divino que San Antonio me dictaba: debía conocerlo. Así fue como tomé el avión hasta la ciudad de Guadalajara para buscarlo. Aunque trate y trate fue imposible, Quico no era su verdadero nombre y tampoco sus gritos (me entere que era ayudado por extras). Así que volví toda sola y triste al convento. Ahora estoy vieja y no controlo mis fluidos. Me sigo viniendo a rolete, ante cualquier boludez, pero uso pañal.
24 de enero de 2008
Laughing Song
When the green woods laugh with the voice
of joy,
And the dimpling stream runs laughing by;
When the air does laugh with our merry wit,
And the green hill laughs with the noise of it,
When the meadows laugh with lively green,
And the grasshopper laughs in the merry scenr,
When Mary and Susan and Emily
With their sweet round mouths sing "HA, Ha, He!"
When the painted birds laugh in the shade,
Where our table with cherries and nuts
is spread,
Come live & be merry, and join with me,
To sing the sweet chorus of "Ha, Ha, He!"
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